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70 años después de Matías Sangüesa

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70 años después de Matías Sangüesa 2017-07-31T15:02:37+00:00

Introducció

Morella, 1931. El 12 de abril, la ciudadanía se levanta republicana y elige al consitorio democraticamente. Dos días después, se proclama a toda España la Segunda República. Uno de los protagonistas, Matías Sangüesa Guimerà (1885-1937), comerciante que había dedicado más de 25 años de su vida a la política y a la cause republicana, será el alcalde de este período en la ciudad.

Cesado por el gobierno en el 1934 en unos momentos muy complicados y volviendo a su lugar con la victoria del Frente Popular, Sangüesa es nombrado al marzo de 1936 Presidente de la Diputación de Castellón, institución en la que le sorprenderá la guerra civil, ocupando también otros cargos importantes. Es una figura digna de conocer, no solo por las posiciones que tuvo, sino también por su pensamiento y obra política, y por este motivo se celebran en Morella estas jornadas.

La creación de escuelas, la carretera de Morella a Castellón, la preocupación por nuestro patrimonio, la abertura de la muralla, la celebración del Sexenni… como si no hubieran pasado los años, Matías Sangüesa es un precursos clarividente de los elementos que generaban y generan aún la decadencia de las zonas rurales, y trabajó día a día para mejorar la existencia de los ciudadanos y avanzar en favor de una mayor libertad y igualdad entre las personas.

70 años después de su muerte, conferencias, muestras, cine, y hasta una visita por la Morella republicana tractarán esos días de acercarnos a este poco recordado personaje y a su época.

Biografía

En una casa del Sòl de Vila nació Matías, el hijo pequeño de José Sangüesa y Carme Guimerà. Este político republicano, con las raíces familiares en Castellfort y en Morella, era tratante de ganado porcino, hecho que lo hace viajar por todo Aragón, especialmente por la parte de Alcañiz. Se casó con Encarnación Rallo, con quien tuvo siete hijos, de los que sobrevivirían cuatro: Ramiro, Marcos y las mellizas Carme y Joaquina. También se dedicará al textil, mediante el trabajo a domicilio de muchas mujeres que se dedicaban a hacer toquillas y chales de lana, que comercializa por todo el valle del Ebro, especialmente en Aragón y Navarra.

Sus inquietudes sociales lo llevan a la militancia política desde bien joven, recorriendo la provincia en más de cien viajes durante treinta años con su entrega y sus dotes de oratoria. De alguna manera, será “el alcalde de la República” por antonomasia, ya que lo será desde la proclamación de la República a raíz de las elecciones municipales del 14 de abril de 1931 hasta el año 1936. Esa activa personalidad le hace realizar todos los viajes necesarios a Castellón y a Madrid para lograr las cosas que necesitaba Morella para frenar la lenta bajada de población, consecuencia de la crisis y el paro derivados del cierre de la fábrica de Giner pocos años antes y el crac del 29. Será el alcalde del Sexenio de 1934, poco antes de ser encarcelado un tiempo debido a los hechos de octubre y suspenso temporalmente como alcalde por el gobierno lerrouxista hasta que el triunfo del Frente Popular en febrero de 1936 le retornó la alcaldía suspendida.

Su obsesión serán las carreteras y caminos vecinales, sobre todo la “pista Castellón-Zaragoza” pero también el camino exterior que corta la muralla desde 1934 en la torre de la Fuente. El marzo de 1936 es nombrado presidente de la diputación provincial y hasta le tocó ser gobernador civil durante una semana. Eso le obligó a residir en casa de unos amigos en Castellón entre semana, pero regresaba a su casa todos los fines de semana para estar con la familia y cumplir con las obligaciones municipales. Entre los temas más institucionales que tuvo entre manos encontramos la elaboración del Estatuto de Autonomía del País Valenciano, primero haciendo gestiones en la Diputación y más tarde en la propia Ponencia del Estatuto.

La educación y la cultura era una prioridad para cualquiera republicano: hacer escuelas en Els Llivis, en Hostal Nou, al Convento de Sant Francesc, una de sus luchas como alcalde. También logra un cuarto de millón de pesetas para rehabilitar el castillo, pero esta promesa del ministro fue dos meses antes del golpe de estado. Con tal de evitar los expolios de la guerra ordenó depositar los tesoros artísticos de la provincia en el Museo Provincial.

Ya en tiempo de guerra, procuró que fuera la autoridad pública la que se encargara de registros y detenciones por evitar abusos y ocupó en el Comité Antifascista la cartera de Industria y Comercio hasta enero de 1937 en que se disolvió la Diputación de Castellón para dar paso a un Consejo Provincial presidido por el gobernador civil, donde será el Consejero de Obras Públicas, con competencias sobre caminos, carreteras, ferrocarriles y obras hidráulicas.

Después de no creer en las recomendaciones de reposo del médico y de continuas recaídas, en diciembre de 1937 es intervenido de cáncer de garganta en el Hospital Provincial, que había contribuido a mejorar con pabellones nuevos, pero no pudo superar el postoperatorio y muere poco antes de Navidad. Sus restos fueron llevados a hombros por morellanos en comitiva presidida por las autoridades y velados en los locales de Izquierda Republicana, tanto en Castellón como en Morella, donde lo llevó a enterrar el propio gobernador civil en persona.

El Consejo Municipal fijó el 8 de enero de 1938 que la calle de Blasco de Alagón llevara el nombre de Matías Sangüesa, aunque solo duró tres meses, ante la llegada de las tropas sublevadas. La familia se refugió en Castellón hasta que el avance de las tropas nacionalistas los empujaron a Cuart de Poblet, desde donde regresaron a Morella el año 1939 donde vivieron en casa de un amigo, ya que su casa pasó a ser sede de Auxilio Social. Como perdieron todos los medios económicos: la fàbriqueta, los cafissos de trigo, la casa… al final tuvieron de emigrar a Castellón, donde Marcos encontró trabajo en una fábrica de tejidos. Aún habiendo ya muerto, las nuevas autoridades le abrieron el correspondiente expediente de responsabilidades políticas, que aplicaron a la viuda.