964 16 00 34 - Calle Segura Barreda, 28, 12300 Morella, Castellón|ajuntament@morella.net

Bicentenario de Cabrera

Home/Bicentenario de Cabrera
Bicentenario de Cabrera 2017-07-31T15:04:03+00:00

Introducción

Ramon Cabrera i Grinyó (1806-1877), Comte de Morella, conegut com el

Ramon Cabrera y Grinyó (1806-1877), Conde de Morella, conocido como el “Tigre del Maestrazgo”

El 27 de diciembre de 1806 nació Ramon Cabrera y Grinyó en Tortosa.

Aquel niño pasó por el Seminario, se alistó en las tropas carlistas de la Zona Centro, llegó a dirigirlas, y resistió durante dos años (1838-1840) en nuestras montañas, incluso después del Abrazo de Vergara que selló la paz en la zona norte el 1839.

Por sus méritos militares incluso recibió el título de Conde de Morella.

El Ayuntamiento de Morella se suma a las numerosas iniciativas que han emprendido las administraciones públicas y las entidades de estudios de las comarcas del sur de Catalunya y nuestros vecinos aragoneses y valencianos, para conmemorar este segundo centenario.

Para organizarlo se ha creado una comisión, coordinada por Conxa Rodríguez Vives, que prepara una serie de actos para el último tercio del año.

 

Morella y cabrera

Infante Carlos María Isidro de Borbón. Carlos V para los carlistas. Retrato de Vicente López.

Las comunicaciones en la sociedad de 1833 tenían poco a ver con las del siglo XXI, tanto en cuanto a los medios de transporte para desplazarse de Tortosa a Morella como a la difusión de informaciones. La noticia de la muerte del rey Fernando VII el día 29 de septiembre de 1833 se desparramó aprisa; las campanas lo anunciaron al pueblo de Madrid y un centenar de postillones (correos a caballo) lo difundieron por toda España tardando varios días a llegar a Morella. En aquel momento la ciudad tenía entre 5.000 y 6.000 habitantes repartidos por el pueblo (531 casas) y por las masías del término donde se contaban 120.000 cabezas de corderos u ovejas. En Morella había dos círculos o tertulias sociales donde se hablaba de política. La una, se llamaba la de los pantalones, en casa Ramón Cardona, a la que acudían, entre otros, el abogado Bernardino Piquer, Cristobal Feliu o Joaquim López, era la reunión de gente fina; la otra, la de la alpargata, de tendencia realista, se hacía en casa de Josep Maestro, tintorero y hombre popular, a la que acudían los hermanos Pere Sarseral y Manuel Llisterri, Josep Jovaní Revoltetes o los hermanos Julian Monso, Andreu y Agustino Ajetreo Ripollés, de gente más modesta. El historiador Segura Barreda explica con todo lujo de detalles las conspiraciones de unos y otros -de Sant Miquel a la plaza de los Estudios, de Sant Francesc al Sol de Vila- ante el pleito dinástico de los Borbones y el estallido de la guerra civil.

El día 13 de octubre Manuel González, administrador de correos de Talavera de la Reina y cabeza de los realistas, fue el primero en declararse a favor de Carlos V, hermano del rey muerto. En el País Vasco, Navarra, Castilla y Cataluña los carlistas, partidarios de Carlos V, y su programa de gobierno absolutista, alzaron contra el gobierno liberal de la pequeña Isabel II, hija de Fernando VII, evocando la Ley Sálica.

Manuel Carnicer, primer jefe de las tropas carlistas de Aragón y Valencia (1833-1835).

Los carlistas de Aragón y Valencia también se movieron, pero las comunicaciones entre ellos no eran fluidas ni inmediatas. El militar Manuel Carnicer, de Alcañiz, gritó a favor de Carlos V el 28 de octubre aún no hacía un mes de la muerte del rey- a la Codoñera y rondaba por el Abajo Aragón esperando la adhesión de Morella, donde los realistas habían sido notables en las sublevaciones anteriores. Un decreto había obligado a los voluntarios realistas de Morella a depositar las armas en el granero del ayuntamiento donde en el año 1845 se construyó el actual teatro-. Los realistas de Morella estaban, por lo tanto, estimulados por la revuelta política, pero desarmados. El día 6 de noviembre la partida de carlistas dirigida por Carnicer llegó a la Venta de la Pedrera donde envió un mensaje al tintorero Maestro para encontrarse en Santa Lucía y saber si el alzamiento de Morella contra los liberales estaba a punto. Josep dijo que aún no, pero la entrevista entre Carnicer y el tintorero en Santa Llúcia creó alboroto. Revoltetes, regresando al pueblo de trabajar en los huertos gritó a favor de Carlos V. El mismo día 6 de noviembre de 1833, a la tarde, llegó a Morella, procedente de Valencia, el barón de Herbés, Rafael Ramdeviu Pueyo, acudiendo a la tertulia de los pantalones, y llevando las noticias que la sublevación contra la reina viuda María Cristina y los liberales aumentaba por los pueblos que había pasado.

El día 11 de noviembre los morellanos celebraban la fiesta de San Martín saliendo del pueblo a merendar y hacer jolgorio. De vuelta, por la noche, unos 25 hombres con un timbal gritaron a favor de Carlos V ante las casas de conocidos liberales. El alcalde Vicent Garrigas, al margen de las simpatías políticas personales, actuaba contra el subversivo grito que había hecho Revoltetes y los de los que aprovecharon la fiesta de San Martín para hacer reivindicaciones políticas.

Grabado de Cabrera en sus tiempos de seminarista en Tortosa.

El día 12 por la noche convocó una reunión al calvario que Segura Barreda ubica “en la falda Este del castillo”. La insurrección era imparable; varias reuniones en la casa del gobernador militar -la del conde de Creixell, o el pub Dadá a la calle de la Virgen de Vallivana- precipitaron la sublevación. La noche del día 12 de noviembre por Morella había mucho movimiento de la que se decía gente de manta (así iban tapandose del frío y el anonimato). Un pregón de madrugada autorizó a los realistas a recoger las armas del granero del ayuntamiento y los voluntarios fueron a colocarse en las puertas del pueblo. Monzón y una decimosegunda estaban en la puerta de San Mateo. Al llegar la tropa militar de perseguir a Carnicer fueron preguntados con el “¿quien vive?” y la respuesta fue “Isabel II”. Un salvo pistola o de trabuco fue la señal que Morella se declaraba carlista. La tropa enfiló el camino de Valencia. El gobernador militar Carlos Victoriano, a caballo y uniforme, y el barón de Herbés proclamaron Carlos V rey legítimo en la plaza del mercado en la costereta de Romàn-, donde hoy se juntan las calles de la marquesa, Colomer y Blasco de Alagó, el día 13 de noviembre de 1833.

Rafael Ram de Viu, Barón d’Herbés

Muchos morellanos se lanzaban a la guerra; otros se atemorizaban. El día 14 se formaba la Junta militar con miembros de pantalones y de alpargata. La adhesión de Morella a Carlos V atrajo muchos voluntarios; el día 20 de noviembre había 3.000 hombres armados, procedentes de todo el contorno, defendiendo el carlismo.

Regresando a las comunicaciones del comienzo, en Tortosa la rebelión de Morella del 13 de noviembre se supo el día 14 o 15. El gobernador de aquella ciudad había ordenado el destierro de vecinos que, por diferentes razones, podían encender la tea de la guerra. Entre estos estaba Ramón Cabrera, de 26 años de edad. Buenaventura de Córdoba -biógrafo por excelencia de Cabrera hasta 1844- escribe que Cabrera y dos compañeros recogieron dos mulas en el mas de Barberans la madrugada del día 15 y entraban en Morella a las seis de la tarde del mismo día 15 de noviembre de 1833. Otras fuentes dicen que llegó el día 16. Los tres llegados de Tortosa quedaron en una casa de la calle de las Calzadas, propiedad de Josep Giner, que, según escribe Segura Barreda “designada ahora [segle XIX] con el nº 14”. Qué número debe corresponderse en el siglo XXI? Allá les ofrecieron un saco de paja para dormir encima. Cabrera había conocido en el seminario de Tortosa a un morellano, Miguel Villuendas, la casa del cual estaba cerca de la de Josep Giner.

Grabado de la época representando el golpe
de mano carlista a Morella. Enero de 1838

Se presentó en casa de Villuendas, donde la madre y las hermanas del seminarista, Antonia y Joana, guardaron la ropa y los dineros que le había dado Maria Grinyó a su hijo Ramón. Allí estaba Cabrera entre 3.000 voluntarios decidido a hacer caer el gobierno liberal. Muchos voluntarios, pero poca disciplina y pocos medio para hacer la guerra. Cosme Corvasi pidió entre los voluntarios uno que supiera leer, por difundir las órdenes de la Junta. Ahí destacó por primera vez Ramón Cabrera Grinyó (1806-1877); era el único o de los pocos que sabía leer y escribir. formaron batallones y se expandieron por Aragón, Valencia y Cataluña. El día 10 de diciembre las tropas cristinas entraban en Morella, y la mano dura de la autoridad militar igualaba un grito a favor de Carlos V a un fusilamiento. Aquella rebelión no duró un mes. La represión fue fuerte, pero al oposición perduraba. El día 10 de abril de 1834 una pandilla de jóvenes morellanos, en una columna carlista, morían violentamente a Mayals. El carlista Bernardino Piquer en 1833 o 1840 marchó a Francia y regresó instalandose en Canet y casandose en Tírig en septiembre de 1843.

Mientras Cabrera destacaba como militar audaz por diferentes partes del Estado, incluido un viaje a Navarra a hablar con Carlos V, en Morella continuaba el control sobre la población. La víspera de San Julián de 1836 una redada de capellanes y sospechosos de haber ayudado al alzamiento del noviembre del 33 llenaron las prisiones de la ciudad. En Tortosa ejecutaron a la madre de

Cabrera, exhaltado como Conde de Morella, en un grabado de los primeros años de la Guerra

Cabrera, Maria Grinyó como revancha por el liderazgo que tomaba su hijo mientras que el Tigre ordenó la ejecución de cuatro prisioneras familiares de liberales y mandó también la ejecución en Cantavieja del alcalde y secretario de Cinctorres. Una presunta conspiración para entregar Morella a los carlistas provocó el fusilamiento de 21 personas en noviembre de 1836. El gobernador Fernando Alcocer fue sustituido por Bruno Portillo de Velasco, por los excesos que suponían por un gobierno legitimamente constituido los fusilamientos en la pared del cementerio viejo, cerca de donde está hoy la piscina municipal. Los principales contribuyentes de la zona fueron obligados a testimoniar las muertes. Angustiados, de entrada al pueblo por la plaza de los Estudios, un capellán de la parroquia de San Juan, Miquel Uguet, hacía un sermón o discurso político en un balcón de casa Piquer justificante o explicando los fusilamientos. Según escribe Segura Barreda al cabo de dos años cuando Morella volvía a ser carlista- el mismo capellán en el mismo lugar hacía otro sermón político sentido contrario.

Las comunicaciones en el siglo XIX no eran como las actuales, pero la información ya se manipulaba. Se produjo un episodio en Morella el año 1836 que es el ejemplo más claro de manipulación política. Esta vez daremos, nuevamente, por verídico el testimonio de Segura Barreda sobre el de Ortí Miralles o Calvo y Rochina porque Segura Barreda tuvo acceso directo a los hechos y sus protagonistas mientras que Ortí y Calvo, y los autores que los han perpetuado, están basados en las comunicaciones oficiales que, en este caso, fueron los primeros mentirosos por justificar sus propias acciones.

Grabado contemporáneo a los hechos representandola brecha hecha por Oráa en San Miguel el 15 de agosto de 1838

Segura Barreda no estaba implicado en el caso; los que redactaban los partes, sí. El gobernador Alcocer tenía blindada la ciudad, pero las partidas de morellanos carlistas que trotaban por el término conocían mejor el territorio que las tropas de la reina, geográficamente ajenas. Josep Miralles organizaba estas partidas de diez o doce hombres de Morella o el término que trotaban buscando ayudas y comida. Las partidas, aprovechando la oscuridad de la noche, se acercaban a hacer el gaznápiro donde la muralla es más estrecha en la Plaza de San Miguel, allá gritaban contra conocidos liberales del pueblo. Las provocaciones retaban la autoridad del gobernador. Las noches del 25, 28, 29 y 30 de julio los carlistas osaron disparar un puñado de tiros antes de huir.

Cabrera, enfermo

Alcocer aumentó la represión dentro del pueblo, además de obligar a los morellanos a declararse a favor de la reina, ordenó un registro por todas las casas que había junto a la muralla. En aquel momento la hilera de casas iba de la puerta o placet de Sant Miquel hasta acabar a lo que hoy es la calle Entimoneda. En el registro los guardias encontraron unas anillas metálicas en casa del carlista Francisco Guarch Gargull, en la calle Entimoneda. Las anillas metálicas eran de un timbal en desuso dado que él había sido timbalero de los realistas. No eran herramientas para excavar paredes. Los partes del gobernador al capitán general informaron que habían descubierto armas y excavaciones en las paredes para agujerear la muralla y hacer entrar a los carlistas por las casas. Los partes oficiales inventaron un conchabamiento entre Cabrera y Gargullpara que el timbalero cavara un acceso para dar entrada a los carlistas a Morella.

Restos actuales del paso de Ramón Cabrera por Morella. Castillo de Morella.

Una orden del gobernador hizo desalojar a 47 personas (no 47 casas), de familias pobres, de las casas que fueron derribadas con la prohibición de que no podrían construirse de nuevo. Por ello, la actual plaza de San Miguel tiene una fila de plazas de aparcamiento entre el lugar donde era la báscula en los años 1950-70 y la calle Entimoneda. Si Segura Barreda no hubiese dejado este testigo, la historia oficial dice que Cabrera y Gargull se conchabaron para que los carlistas entraran por la garita que hubiese hecho Gargull con las anillas del timbal. Gargull fue encerrado en una prisión del castillo aquel mes de julio de 1836. Cuando en el mes de noviembre fusilaron a los 21 presuntos conspiradores, Gargull, prisionero y acusado de conspirador, pagó con la vida; el día 1 de diciembre de 1836 Gargull era pasado por las armas. Si el complot hubiese sido verdad, añade Segura Barreda, el gobernador Alcocer hubiera tenido la prueba más sólida por los fusilamientos que instigó como aviso para los vivos, más que como castigo de los muertos. No hubo plan ni conspiración política, pero las anillas metálicas de un viejo timbal justificaron la ejecución. Un pasadizo fue construido, con mano de obra forzada, entre la muralla y las casas de la calle Entimoneda que quedaron en pie.

El año 1837 transcurrió dentro de la ciudad con la misma mano dura que en el 1836, pero los carlistas continuaban mirando Morella como plaza a conquistar. Cabrera iba de triunfo en triunfo y de descalabro en descalabro organizando el ejército carlista por todo lugar. La noche del 26 de enero de 1838 los carlistas establecidos en los molinos de Adell y dels Capellans entraron en el castillo de Morella ayudados de desertores o espías- y tomaron la ciudad. En línea recta desde los molinos enfilaron escalas de madera por un acceso que hoy esta tapado de pinos, en la parte próxima a la guardería municipal. El día 31 de enero, procedente de Benicarló, entraba Cabrera a Morella en una descripción triunfal que han dejado sus biógrafos para la posteridad.

Cabrera, antes de entrar en el exilio francés, julio de 1840

Anunció un tiro de cañón que se aproximaba […] todos salieron a esperarle a la puerta del Estudio […] Este entró a laso tres de la tarde en medio de sinceras aclamaciones, música, campanas y salvas de artilleria”. Tres o cuatro días después marchaba a expandir la guerra y combatir al ejército de la reina. En julio-agosto volvía a estar en Morella a preparar la defensa del ataque del liberal Marcelino Oráa. El ejército liberal, muy superior al carlista, rompió la muralla por la plaza de San Miguel aún se puede ver hoy la diferencia de la piedra-. A pesar de días de ataques, Oráa tuvo que retirarse y Cabrera convirtió en un héroe a quien Carlos V nombró conde de Morella el 31 de agosto de 1838, teniente general y cabeza del ejército carlista de Aragón, Valencia y Murcia.

En los años 1838-40 el conde de Morella entra y sale de la ciudad muchas veces. Los carlistas organizan un Estado dentro un Estado con servicios en Mirabel y Cantavieja hospitales, juzgados e incluso una nueva diócesis- hacen de la zona una especie de Estado carlista mientras las tropas de la reina colocan a Cabrera y Morella en su objetivo. Este es el período en la historia del siglo XIX que los nombres de Morella y Cabrera quedan asociados para la posteridad. El día 9 de enero de 1840 Cabrera entra a Morella, procedente de Herbés y la Fresneda, enfermo de fiebre “tifoidea”. El día 30 está animoso para ir a la catedral a misa y el día 31 sale hacia San Mateo, cae enfermo en Ulldecona y del arrabal de Roquetes ve por última vez su Tortosa natal, cuando tenía 34 años de edad.

Flavio, uno de los biógrafos y admiradores de Cabrera, escribe: “Morella tenía un hospital magnífico, situado en dos espaciosas casas de la calle del Estudio, donde había cincuenta camas cómodamente colocadas, en anchas y ventiladas habitaciones, que estaban destinadas a los heridos y enfermos de la guarnición”. La casa donde vivía Cabrera en Morella es un misterio. Por lógica, el hogar del tigre sería el castillo, donde en aquel momento había varias viviendas, cuartelillos, el palacio del gobernador o las repletas prisiones. El biógrafo carlista Román Oyarzum el que comienza a estudiar a Cabrera con objetividad- visitó Morella el año 1950 y describe varias estancias del castillo, donde podían ser el hogar del general porque en ellas encontró incrustada la corona del conde, y el año 1838 alguna aún se puede ver hoy-. El ingeniero alemán, el barón Von Radhen, en cambio, identifica en su mapa de la ciudad la casa de Cabrera como una que va de lo que hoy es la calle de la marquesa hasta la calle Colomer o del Pes, la que tendría la oficina de Bancaja, la segunda desde la esquina de la costereta de Roman, según el plano. Esta casa habría habido un hospital que podría ser el adscrito a cargos militares y gente de pantalones, y allá hubiese podido estar Cabrera en algunas de sus estancias convalecientes a Morella, mientras que la vivienda oficial la hubiese podido tener en el castillo. Los carlistas crearon 29 hospitales en la zona que dominaban, según cuenta Córdoba.

A últimos de enero de 1840 Cabrera continuaba expandiendo la guerra. “A su salida de Morella dio algunas disposiciones para alivio de los vecinos, entre otras acuartelar la guarnición y repartir trigo a los labradores y artesanos para que pudieran mantenerse hasta San Juan”, escribe Córdoba. En mayo de 1840 el general Baldomero Espartero toma Morella, saquea la ciudad y la mortandad es escalofriante. Esta vez, la superioridad del ejército liberal contra los voluntarios absolutistas es desproporcionada. Algunos incidentes son verdaderamente trágicos. Al acabar las semanas de ataque, Morella se enfrenta a su reconstrucción y Espartero es nombrado duque de Morella y teniente general en clara respuesta al condado y a los galones militares de su rival. Cabrera enfila el camino del exilio por Cataluña Berga era carlista- y su título de conde de Morella lo legitima Alfonso XII en marzo de 1875 vinculando para la posteridad el nombre de Cabrera al de la ciudad donde, de hecho, no vivió mucho tiempo, pero lo suficiente como para hacer historia.

Por Conxa Rodríguez Vives

Cabrera a la literatura  

Cabrera ofrece protección a la
Expedición Real para cruzar el río
Ebro por Cherta, junio de 1837

La vida de Ramón Cabrera ha inspirado a todo tipo de escritores en España y el extranjero en el discurrir del siglo XIX cuando él vivió y, especialmente, en el siglo XX y en lo que va del XXI. Algunas de las obras literarias protagonizadas, o participadas mucho o poco, por el personaje son las siguientes:

ANDRÉS SORRIBES, Joan. “La Cruz de Cabrera”. Premio Enric Valor de Novel·la. Ediciones Espuma. Alzira, 2002. Un relato ficticio de como se movía Cabrera por su territorio en el correr de la Primera Guerra Carlista.

Gravat de les tropes de Cabrera assetjant Madrid, setembre de 1837

Grabado de las tropas de Cabrera
asediando Madrid, septiembre de 1837

AYGUALS DE IZCO, Wenceslao. “El Tigre del Maestrazgo”. Historia-Novela. Imprenta de D. Wenceslao Ayguals de Izco. Madrid 1849. Como dice el subtítulo es una historia-novela, que intenta ser una biografía rigurosa, pero recoge únicamente la leyenda negra tejida sobre Cabrera. Joaquín Ayguals, hermano del autor, murió en Alcanar luchando contra las fuerzas de Cabrera. Una columna de jóvenes de Vinaroz se había desplazado hasta Alcanar a reforzar los liberales.

BAROJA, Pío. “Los confidentes audaces”. Espasa-Calpe, S.A. Madrid, 1931.

BORROW, Georges Henrio. “The Bible in Spain”. Walter Scott Limited. Londres, 1900.

Cromolitografia de l'asalt carlista a Beseit, per Cabrera, Carnicer i Quilez, en 1834

Cromolitografía del asalto carlista a
Beceite, por Cabrera, Carnicer y Quilez, en 1834

CARRANZA, Andreu. “El invierno del Tigre”. Editorial Planeta. Barcelona, 2004. Un joven llega a Wentworth a visitar a Cabrera portando un pañuelo rojo. El remiendo le recuerda la lejana guerra civil.

CASTRO, Anton. “El testamento de amor de Patricio Julve”. Editorial Destino. Barcelona.

CLEMENTE, Josep Carles. “Incidente en Wentworth”. Magalia Ediciones. Madrid, 2002. Divertido entretenimiento en el que un grupo independentista catalán profana la tumba de Cabrera para coger restos del general. La policía de Scotland Yard entra en acción.

DECOFRENTS, Víctor. (Seudònimo de Víctor Gómez Labrado). “Cabrera”. Editorial Tres i Quatre. Valencia, 1995. Eliseu Climent editor. Colección El Grillo, no 40. Sobre la base de una anécdota inventada, pero verosímil, recrea la leyenda de Cabrera.

DOMINGO, Carlos. “El Tigre Rojo”. Editorial Montesinos. Barcelona, 1991.

Cabrera, com a tinent general carliste

Cabrera, como teniente general carlista

GONZALEZ DE LA CRUZ, Rafael. “El vengador y la sombra de Cabrera”. Refutación del Tigre del Maestrazgo, o sea, de grumete a general. Historia-Novela de D. Wenceslao Ayguals de Izco. Imprenta de Hernández. Madrid, 1849.

MAKEPEACE THACKERAY, William. “The Tremendous Adventures of Major Gahagan”. Este rival de Charles Dickens escribió la historia de un soldado que va de guerra en guerra; una de ellas es la Primera Guerra Carlista en Morella, encontrando a Ramón Cabrera. Libro accesible en la red. Reimprimido por Lightning Source UK Ltd.

MARTÍNEZ LAÍNEZ, Fernando. “El rey del Maestrazgo”. Ediciones Martínez Roca. Madrid, 2005. Un periodista lega a Wentworth a entrevistar al conde de Morella, quien rememora su etapa en la guerra civil.

MURO, Ramón. “Sadurija”. Alcañíz, 1990.

PÉREZ DONOSO, Benito. “Carlos VI en la Rápita”. Episodios Nacionales. Establecimiento tipográfico de la viuda e hijos de Tello. Madrid, 1905. “La venta de Mirambel”, “La campaña del Maestrazgo” en Episodios Nacionales. Editorial Hernando, Madrid.

PERUCHO, Joan. “Historias Naturales”. Ediciones Destino. Barcelona, 1960.

TTOMAS, Mariano. “La mariposa y la llama”. Editorial Juventud. Barcelona, 1939.

VALLE INCLÁN, Ramón. “Sonata de Invierno. Memorias del marqués de Bradomín”. Renacimiento. Madrid, 1924.